Falleció Jaime Aparicio, primer medallista de oro en unos Juegos Panamericanos

146

Hablar de Jaime Aparicio es hablar de una atleta superdotado para su época. De madre alemana y padre caleño, Jaime nació en Lima (Perú) el 17 de agosto de 1929, y nos dejó este jueves 7 de mayo en Cali, a la edad de 96 años, dejando tras de sí un legado que trasciende a su partida.

No tenía cuerpo de atleta de velocidad, era desgarbado, bajito y usaba “lentes de botella”, pero en la pista marcó época. “Yo no tenía un físico fuerte o grandote, pero marcaba buenos tiempos y todo se debió al trabajo y la disciplina”, decía.

Fue un atleta de marcas, al finalizar la década de los 40, era dueño de nueve récords nacionales: 100 metros (10.4); 200 metros (21.5); 400 metros planos (49.2); 110 metros vallas (16.2); 200 metros vallas (24.0), 400 metros vallas (53.6), salto alto (1.80 m.) y los relevos 4×100 (43.4) y 4×400 (3:28.6).

Jaime representó a Colombia en dos Juegos Olímpicos

Y en eventos internacionales también brilló, cuando hacia 1950 logró la medalla de oro de los 400 metros vallas, la prueba que lo hizo famoso, en los Juegos Centroamericanos de Guatemala, con un tiempo de 54.9.

Pero fue en los primeros Juegos Panamericanos, en Buenos Aires 1951, en los que hizo historia, al ser el primer medallista dorado de estas justas, al ganar en los 400 metros vallas con un tiempo de 53.4 segundos, que le significó nuevo registro suramericano y por supuesto, panamericano. La medalla de Jaime fue la única presea dorada que ganó la delegación colombiana en la primera edición de estos juegos.

Y los logros de su carrera deportiva no pararon. En los Centroamericanos de México 1954 fue oro en los 400 metros y plata en los 200, y ese mismo año fue campeón suramericano de los 400 vallas, entre otros logros. Llegó a ser considerado uno de los mejores vallistas del mundo en esa temporada, ubicándose cuarto en el escalafón mundial liderado por atletas de la antigua Unión Soviética y Estados Unidos, siendo el único suramericano y latinoamericano en tener ese honor.

A su extenso palmarés se suma su participación en dos Juegos Olímpicos, en Londres 1948 y Melbourne 1956. A Londres llegó con 18 años y como él mismo lo afirmó «no tenía opción de nada», pero esa experiencia de ver a » los grandes maestros de las pistas» como lo contó posteriormente, enriqueció su vida deportiva.

La Unidad Deportiva Jaime Aparicio, donde está la pista atlética, las piscinas y las canchas panamericanas, lleva su nombre. Foto: El País

En Melbourne, (AUS) terminó tercero de su serie en los 400 metros vallas con un tiempo de 52 segundos, y en los 400 metros planos ocupó la quinta posición, con 49 segundos, quedando sin opción de pasar a semifinales. Su despedida del atletismo fue el 28 de abril de 1958 durante el Suramericano de Montevideo, dando fin a una carrera de 12 años llena de éxitos y medallas.

Cambió las pistas por las aulas donde se graduó como arquitecto dejando también un gran legado diseñando cerca de 40 edificios en Cali, ciudad en la que también se distinguió como director técnico de los Juegos Panamericanos de Cali 1971. ‘Don Jaime’, como lo conocían, fue el último en portar la antorcha y encender el pebetero, por eso la Unidad Deportiva Jaime Aparicio, donde está ubicada la pista atlética, lleva su nombre.

Su partida enluta el atletismo colombiano pero su legado es eterno. Más que sus marcas y títulos, dejó una reflexión que ojalá todos nuestros atletas tuvieran presente, “En atletismo, el 50 por ciento es el físico y la genética, y el porcentaje restante lo pone el atleta, con su mentalidad ganadora”.