Una medallista olímpica y mundial dice adiós al atletismo por una enfermedad cardíaca

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La estadounidense Jenny Simpson, que conquistó la medalla de bronce olímpica en los 1.500 metros en Río 2016, y un oro y dos platas en campeonatos del mundo, ha anunciado que no volverá a correr tras sufrir un ataque cardiaco.

Simpson estaba participando en una prueba amateur en Carolina del Norte cuando se desvaneció. Se le aplicó reanimación cardiopulmonar y fue trasladada a un hospital, donde sufrió otro paro cardiaco. 

«Mi corazón estaba gravemente herido y aturdido. Mis pulmones también lucharon», reveló la atleta en una publicación en sus redes sociales. «Me diagnosticaron una rara afección cardíaca hereditaria llamada miocardiopatía ventricular derecha (ARVC) arritmogénica».

La dolencia se trata de una condición genética en la que las proteínas que normalmente mantienen unidas las células del músculo cardíaco no funcionan correctamente. Esto puede causar que las células del músculo cardíaco mueran y sean reemplazadas por tejido graso y tejido cicatricial y que el corazón no funcione correctamente.

«Mi futuro es un regalo increíble. Es esperanzador, y seguirá teniendo un gran propósito», dijo Simpson. «Pero mi diagnóstico ambién significa que sería peligroso para mí volver a correr. Ese capítulo ha terminado. Afortunadamente, mi historia no lo ha hecho. Lo experimenté todo, desde las trincheras de entrenamiento hasta estar en la cima del podio mientras sonaba el himno nacional». 

El mensaje trasciende las pistas: si una atleta de élite, medallista olímpica y mundial, ha tenido que detener su carrera para cuidar su corazón, ningún runner aficionado debería sentirse invencible. Correr es salud, bienestar y pasión, pero también exige escuchar las señales del cuerpo, realizar controles médicos periódicos y no pasar por alto síntomas o antecedentes que puedan representar un riesgo. Porque antes que cualquier marca, distancia o meta, está la vida.