Dice el refrán que quien mucho abarca poco aprieta y eso mismo le ha pasado al Maratón de Berlín este domingo, con una carrera que fue disminuyendo su intensidad con el paso de los kilómetros tras una primera mitad a ritmo de récord mundial.
En la capital alemana, en el primer ‘Major’ con corredores populares -unos 26.000- desde el estallido de la pandemia, querían reeditar la exhibición de Kenenisa Bekele en 2019, cuando se quedó sólo a dos segundos del récord mundial (2:01:39) de Eliud Kipchoge, pero el resultado no fue ni mucho menos el esperado.
Primero porque Bekele, el mejor fondista en pista de la historia, es una moneda al aire cuando se enfunda las zapatillas en cualquier maratón y segundo porque las liebres marcaron un ritmo tan endiablado y ambicioso que acabaron por reventar los motores de los favoritos, incluido el etíope, que al menos tuvo los arrestos de acabar tercero tras rozar el desahucio.

El gran triunfador de la mañana fue el etíope Guye Adola, que se impuso con un ‘modesto’ crono -para ser Berlín- de 2:05:45. Era el cuarto maratón de Adola, que ya había sido segundo tras Kipchoge en el ‘Major’ germano en su debut en la distancia en 2017. Antes había sido bronce mundial en medio maratón en 2014.
Segundo acabó el ‘desconocido’ keniano Bethwel Yegon, con 2:06:14. Yegon, que llegaba con una mejor marca de 2:08:18 firmada este mismo año en un singular maratón disputado en abril en el aeropuerto de Siena, no estaba en la nómina de favoritos pero corrió con inteligencia y se llevó un jugoso premio en dinero y prestigio.
El podio lo cerró Bekele (2:06:47), que amenazó con un nuevo ‘gatillazo’ tras perder el frenético ritmo de las liebres al paso del kilómetro 17 pero que logró reengarcharse a la carrera antes de ver como Adola destrozaba sus ilusiones de victoria.
La carrera, como ya hemos contado, fue de más a menos, entre otras cosas porque la climatología tampoco ayudó, con algo más de calor del habitual para estas fechas en Berlín. El grupo de cabeza fue a ritmo de récord mundial hasta la mitad de la prueba, que se pasó en 1:00:48, contra los 1:01:06 de Kipchoge en 2018.
¿El problema? Que Kipchoge corrió esa carrera en negativo. Es decir, que fue de menos a más, haciendo más rápida la segunda mitad de la prueba. Así las cosas, al paso del kilómetro 25 la ventaja se había esfumado y en el 30 la desventaja era ya de más de un minuto. La ecuación resultante, bien sencilla de calcular, nos dice que Kipchoge corrió 4 minutos más rápido el último tramo de la carrera el día del récord.



