El Maratón de Berlín que se llevó a cabo el pasado domingo 27 de septiembre, dejó una imagen de lo que significa correr con el alma.
Tras correr 40 kilómetros de una forma memorable, a ritmo de un récord del mundo que hubiera enterrado la dudosa marca lograda por Ruth Chepngetich en 2024 (2.09:56), Tigst Assefa vivió el drama de la distancia en primera persona, al sufrir problemas físicos que le impidieron mantener al final la cadencia con la que había volado hacia la historia.
Y así, cojeando, con ostensibles gestos de dolor, logró cruzar la meta en 2.11:04, tercera mejor marca de siempre, para desplomarse posteriormente con el rictus desencajado. Rápidamente recibió la ayuda de varias personas, entre ellos el legendario Haile Gebrselassie, que sostuvieron a la etíope, con problemas para andar.
Ahora, según informó el director de la carrera, Mark Milde, a AFP, las primeras pruebas revelan que la etíope acabó el maratón con una rotura parcial del tendón de Aquiles de su pierna derecha, una importante lesión que podría alejar a la atleta de la competición durante un tiempo.
Esta lesión ocurre cuando las fibras del tendón se desgarran de manera incompleta, permitiendo que el tejido conserve cierta continuidad estructural y fue precisamente por eso que Assefa pudo terminar la carrera, sin embargo, el dolor que acompaña esta lesión es severo y punzante. El tendón de Aquiles es el más grande y fuerte del cuerpo, por lo que cualquier desgarro en sus fibras genera una señal de alarma muy intensa en el sistema nervioso



