El camino al Maratón de Tokio, la montaña rusa de un runner en busca de las ‘majors’

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Julián corrió su sexta maratón, con una marca de 3:11:02

Por Julián García Wren

Un sueño compartido por la mayoría de los maratonistas aficionados, y seguramente también por la élite, es correr las ‘Six Majors’: Boston, Londres, Chicago, Berlín, Nueva York y Tokio, oficialmente las Abbott World Marathon Majors. Son las seis maratones más importantes y prestigiosas del mundo, recientemente ampliadas con la inclusión de Sídney, reconocidas por su altísimo nivel competitivo, su impecable organización, su historia y la enorme participación internacional que convocan.

Cumplir ese anhelo no solo exige constancia, disciplina y trabajo; también requiere inversión económica, algo de suerte, capacidad para levantarse de las decepciones y, sobre todo, una paciencia que se construye con el tiempo. Es un proceso que puede tomar años, lustros o incluso décadas, especialmente para quienes no vivimos de correr, pero encontramos en este deporte una fuente permanente de motivación, emoción y propósito.

El Maratón de Chicago fue el primer ‘major’ de Julián García, en 2017.

Y esa ilusión, casi nunca aparece de golpe. Se va sembrando poco a poco, creciendo con cada entrenamiento, cada carrera y cada reto superado. Como lo he contado en otros escritos aquí mismo en este portal deportivo, cuando empecé a “encarretarme” con este deporte, por allá en 2014, apenas corría 5K y pesaba 108 kilos. En ese momento, completar este enorme logro deportivo no estaba ni remotamente en mis planes. Hoy, a menos de tres (3) meses de lograrlo, miro atrás con gratitud por todo el camino recorrido, aunque el presente me ponga frente a una gran encrucijada.

Nunca antes había sufrido una lesión severa y hoy estoy aprendiendo a manejar una. Como muchos de ustedes que han llegado hasta aquí, había pasado por molestias musculares normales, de esas que se superan con cuidado y disciplina, y por supuesto, con el acompañamiento de profesionales. Esta vez, sin embargo, el desafío ha sido distinto y también más profundo.

En Berlín, Julián logró su PR, en 2018.

Hay días en los que veo la luz con claridad y siento la fuerza de que sí es posible. En otros, la duda aparece y me hace cuestionar si llegaré. El pasado 7 de septiembre, en Medellín, sufrí una fractura por estrés del cuarto metatarsiano y una severa fascitis plantar en el pie derecho que se acrecentó durante el maratón. Fue un golpe duro. Todo un plan de entrenamiento se vino abajo en el kilómetro 27 y, aunque logré terminar la carrera, supe que algo serio había ocurrido.

¿Irresponsabilidad? ¿Coraje? ¿La adrenalina del momento? Tal vez un poco de todo. Pero no me reprocho: había que asumir lo que viniera y seguir adelante.

En Nueva York corrió su tercer ‘major’.

Luego llegaron las citas médicas, las resonancias, las terapias, el reposo, el fortalecimiento y cada uno de los cuidados necesarios para la recuperación. La sola posibilidad de una cirugía fue un sacudón emocional fuerte, pero también una llamada a escuchar al cuerpo y valorar la salud por encima de cualquier carrera.

Afortunadamente, dos meses después, en la primera semana de noviembre, pude volver a correr muy suave. Desde entonces, el proceso ha sido como una montaña rusa: días buenos, días no tanto; momentos de alegría y otros de reflexión profunda. Ha sido un camino largo y exigente, especialmente para quienes llevamos una vida activa ligada al deporte, pero también ha sido un tiempo de aprendizaje y crecimiento personal.

Al Maratón de Boston llegó tras lograr la marca mínima de clasificación.

En ese camino, encontré en la natación un gran aliado. Se convirtió en el complemento perfecto. Tres o cuatro días a la semana, a las 5:00 a.m., estoy en el agua nadando entre 1.500 y 2.000 metros por sesión. Es la única hora disponible para seguir avanzando sin descuidar las responsabilidades laborales y familiares. A eso se suman las jornadas de fortalecimiento, de bicicleta estática y, poco a poco, volver a correr, siempre con respeto por el proceso.

Y en medio de esa montaña rusa de emociones, mi mente sigue firme en Tokio 2026. Han sido más de ocho años buscando ese cupo y finalmente lo conseguí a través de la figura del charity. Sé que no será la carrera de mi mejor tiempo, y hoy eso está bien. El objetivo es mucho más valioso: correr sano, sin dolor y con la felicidad de cumplir un sueño por el que he trabajado con constancia y pasión. Un sueño que incluye haber clasificado por tiempo a Boston (2023), haber entrado por lotería a Nueva York (2022), Berlín (2018, PR 3:12:11) y Chicago (2017 y 2019), y haber llegado a la exigente Londres (2024) a través de agencia.

En Londres, la celebración fue doble, porque llegó a través de agencia y quedó a una de completar las ‘six majors’

El camino a Tokio me ha enseñado a manejar la ansiedad, a no forzar los tiempos y a entender que la paciencia también es parte del entrenamiento. Aunque a veces la incertidumbre intenta imponerse, sigo trabajando y cuidándome con un “sí” rotundo en la cabeza.

Y comparto esta experienca como una reflexión para toda nuestra comunidad, para quienes han vivido o están viviendo una situación similar. Afrontar una lesión es profundamente difícil, pero también lo es decidir no rendirse, confiar en que todo estará bien y avanzar con fe, disciplina y una actitud positiva. Todo pasa, todo se supera, y cada proceso deja una enseñanza.

Hoy me motivo recordando que cada día cuenta, incluso los días lentos. Que entrenar diferente también es entrenar. Que cuidar el cuerpo es parte del compromiso con los sueños. Y que este proceso, con todas sus curvas, me está preparando no solo para una meta, sino para disfrutarla de verdad.

En Tokio, espera celebrar como lo hizo en Boston, y por su puesto, reclamar la medalla de las ‘six majors’

Con paciencia, con respeto por el cuerpo y con la ilusión intacta. El camino a Tokio 2026 continúa, y cada paso, en tierra o en el agua, sigue sumando. Porque al final, correr no es solo llegar a la meta: es todo lo que aprendemos mientras vamos hacia ella.

Me enfoco y pienso en que hoy siempre es un día mejor, en que el miedo se va disipando y los fantasmas de la lesión pierden fuerza. Seguimos hacia adelante. El camino a Tokio 2026 sigue intacto.

¡Nos vemos en la línea de salida. Y, con certeza, en la meta!