Foto: Archivo COC

José Domingo Sánchez, más conocido como ‘el perro Sánchez’, es uno de los atletas que escribió parte de la historia olímpica colombiana, al ser el abanderado en las justas de Berlín 1936.

En ese delegación, integrada por cinco atletas, también estaba Campo Elías Gutiérrez, quien en su honor se bautizó el estadio donde se llevarán a cabo las competencias de los Juegos Nacionales.

Y por los escenarios se pasea, disfrutando del deporte, Miriam Sánchez, la hija de José Domingo y por eso lleva el deporte en la sangre. De niña practicó varias disciplinas como aficionada, pero lo más importante de su carrera es la experiencia que tiene como dirigente del baloncesto de Bolívar, por más de 30 años, y el haber sido cofundadora de la Liga de Tenis de Mesa de Bolívar.

La hija de Domíngo ‘el perro’ Sánchez disfruta del deporte en los Juegos nacionales.

Con lágrimas en los ojos recuerda las anécdotas que su papá, quien le contaba sobre su experiencia en los históricos Juegos Olímpicos de Berlín 1936, cuando fue el abanderado de la delegación nacional.

“Mi papá viajó como el deportista colombiano que logró más medallas en los Nacionales. Me contó que pasaron días en barco para llegar a Europa, que en Alemania conocieron los ‘spikes’ (calzado para las competencias de pista), porque siempre habían corrido con zapatos de caucho. De las cosas más emocionantes que vivió fue haber tenido el honor de conocer a Jesse Owens”, el atleta estadounidense más famoso de la historia.

“Me dijo que lo más impresionante de su experiencia olímpica fue llevar una corona a la tumba del soldado desconocido, famosa en Alemania, y que haber escuchado el Himno de Colombia por llevar la ofrenda floral lo marcó de por vida”, cuenta emocionada.

Sánchez era también amante del béisbol y el baloncesto, este último fue el deporte que tres de sus hijas adoptaron, incluida Miriam, que se convirtió en una de las dolientes del mismo en Bolívar. A su vez, se destacó como dirigente del deporte en Panamá, donde hoy viven dos de sus hijas, y una biblioteca lleva su nombre.

Por todo eso, Miriam aprovecha estos Juegos Nacionales, para mantener viva la llama del espíritu deportivo, porque por sus venas corre amistad, respeto y excelencia, los valores olímpicos que defendió su padre y que ella aún lleva como bandera a cada escenario que visita.